Navegando por la mente: Adolescentes rebeldes

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Navegando por la mente: Adolescentes rebeldes

Mensaje  El burro el Vie Jul 05, 2013 7:05 pm


Las relaciones entre los adolescentes y sus padres suelen ser muy conflictivas. La mayoría de los padres se quejan de que sus hijos no les escuchan, no les hacen caso, cambian constantemente de humor, nunca saben lo que quieren o no tienen ninguna disciplina. En algunos casos, la convivencia en el hogar se convierte casi en una batalla campal diaria y muchos padres no saben qué hacer.

En este sentido, cabe recordar que la adolescencia tan sólo es una etapa del desarrollo que dura unos años y que pasado este tiempo, normalmente el hijo o hija se convierte en un joven maduro, mucho más razonable y, casi siempre, otra vez próximo a sus padres.

Es necesario pasar una época de transición, armarse de paciencia y aceptar que nuestros hijos están creciendo y volviéndose cada vez más autónomos e independientes y para conseguirlo cuestionan y ponen en duda algunos de los principios, valores, normas y límites que los padres intentan inculcarles e imponerles.

A continuación, para mejorar la relación con los hijos adolescentes y facilitar la comunicación con ellos,  puntualizamos una serie de estrategias a seguir:

- Pasar más tiempo con el adolescente: Incluso cuando las cosas van mal hay que buscar la forma de dedicarle más tiempo a nuestro hijo. El simple hecho de que vea que nos preocupamos por compartir momentos con él acabará consiguiendo que esos momentos sean cada vez mejores para ambos.

-Tener claro el rol que ejercemos: Hay que tener claro que somos su padre o su madre pero no su amigo. Algunos padres de adolescentes creen que convirtiéndose en amigos de sus hijos solucionarán los problemas de relación. La realidad es la contraria, a pesar de que los adolescentes ya no son niños todavía necesitan la presencia de la figura materna o paterna. Necesitan normas y necesitan disciplina, algo que un amigo no puede imponer. Por eso es importante que los padres mantengan su posición. Aunque eso no quiere decir que sean padres dictatoriales o excesivamente autoritarios. El diálogo suele ser el instrumento que mejor funciona con los adolescentes en lugar del autoritarismo. Hay que saber jugar con la libertad y la responsabilidad, por eso es muy importante hacerles ver, que cuánto más responsables nos demuestren que son, tendrán más libertad.

- No tomarse todo lo que haga el adolescente como algo personal: Eso les ocurre a muchos padres. Están convencidos de que todo lo que sus hijos hacen es para fastidiarles, pero esto no es así. Los chicos y chicas no tienen como objetivo fastidiar a nadie pero están viviendo una etapa de sus vidas en la que necesitan una dosis de rebeldía y tienen que cuestionar la autoridad, es una de las características naturales del proceso de maduración. Si los padres consiguen ver las reacciones de sus hijos bajo este prisma es mucho más sencillo que sientan más tolerancia hacia las acciones de sus hijos.

- Hablar con nuestro hijo sobre las cosas que le interesan: Intentar saber todo lo que podamos sobre nuestro hijo. Es importante hablar con él de sus aficiones, sus amigos, el instituto... Lo aconsejable es mantener conversaciones sobre cuestiones importantes de su vida como su futuro, su sexualidad, su salud o sus amistades pero también dedicarle un tiempo a las charlas intrascendentes.

- Introducir algunas pequeñas modificaciones en nuestro lenguaje: Es importante que entendamos que nuestro hijo adolescente ya no es un niño pequeño al que educamos con órdenes. Tampoco es un adulto, eso es cierto, pero si en algunas cuestiones le tratamos como si fuera un adulto eso le ayudará a empezar a serlo. Y una de las cuestiones que puede marcar la diferencia es el lenguaje que utilizamos con él. Por ejemplo, en vez de decirle “quiero que hagas” es más productivo “me gustaría que hagas” o “te agradecería que hicieras”. Hay que procurar utilizar menos la palabra “no” y más otras alternativas, como “preferiría” o “estaría bien”.

Finalmente, pensamos que es muy importante corregir a nuestros hijos cuando creamos que ha hecho algo mal. No obstante, también hay que recordar que es igual de importante premiarlo y felicitarlo por las cosas que haga bien.
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